Algunas consideraciones sobre Educación y TIC

¿Qué es la Educación? Sin duda es una gran pregunta cuya respuesta involucra muchos aspectos. En primer lugar se puede afirmar que la educación es un proceso humano complejo, que parte de la necesidad del hombre por sobrevivir, por alcanzar una meta. Este proceso conlleva a la adquisición de conocimientos, a la difusión del mismo y en algunos casos a la generación de nuevos conocimientos en base a las experiencias vividas.

Para Villarroel (1991), la Educación “es concebida como un proceso que permite  al individuo transformarse en relación a su medio ambiente, en términos del conocimiento y la modificación de éste.” Es interesante esta definición porque en primer lugar habla de una transformación producto de la interrelación de un individuo con su ambiente. La cultura forma parte fundamental de ese cambio que se producirá en el individuo debido a las creencias, los valores y las normas presentes en el grupo de individuos que comparten un mismo tiempo histórico, pero dicha transformación se expresará en términos de conocimiento y como éste durante el tiempo puede ser modificado para dar respuesta a las necesidades que se presenten en el momento e incluso con una visión de futuro.

En vista de que el ser humano es un individuo social, esta característica lo convierte en un agente transformador en el que los conocimientos adquiridos bien sean de forma individual o por sus pares, son compartidos dentro de su grupo social y su descendencia. Es allí donde la educación adquiere su carácter formador.

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Ahora bien Villarroel, también habla sobre la intencionalidad que puede tener la educación. Expresa que cuando la transformación del individuo en términos de conocimiento es inintencionada, estamos en presencia de una educación informal, en un proceso de aprendizaje que se adquiere a lo largo de la vida por las distintas situaciones en las que participamos como seres sociales, es decir, hay transformación a través de lo cotidiano y lo ocasional sin que se conciba previamente un propósito transformador. Pero también la educación puede ser intencional. Ésta se da cuando se manifiesta una transformación del individuo y/o de sus semejantes, producto de una necesidad social y está presente en el sistema educativo jerárquico estructurado, que se conoce como educación formal, así como también en las actividades educativas fuera del sistema formal establecido conocido como educación no formal. Es claramente intencional pues responde a metas intereses y necesidades claramente definidos.

Se hace necesario en este momento definir el proceso de enseñanza-aprendizaje, que según Contreras (1994), es “el sistema de comunicación intencional que se produce en un marco institucional y en el que se generan estrategias encaminadas a provocar el aprendizaje.” Cuando se habla de enseñanza-aprendizaje, muchos autores se refieren al término como un binomio inseparable y multidireccional, pero qué son procesos totalmente diferentes. Para quien escribe, la dupla enseñanza-aprendizaje constituye un proceso cíclico y sistemático en el que se socializa de manera planificada el conocimiento, con el propósito de que exista una asimilación y acomodación del mismo que genere cambios en la conducta de un individuo.

Resulta pues, que  en  el  estudio  de  los  procesos enseñanza-aprendizaje,  no  podemos abstraernos del marco social en el que éstos ocurren. Para lograr un entendimiento adecuado de este proceso se debe  analizar en la dinámica de la estructura social de la que forma parte. Respecto a esto, Eggleston (1980) nos dice que:

La  cultura,  con  su  base  de  conocimiento  almacenado,  compartido,  válido  y  legítimo, constituye la forma de vida aceptada por un grupo. Se considera que el aprendizaje y la internalización por parte  de  cada  individuo  de,  por  lo  menos,  los  elementos  esenciales  de  la  cultura,  constituyen  el  preludio indispensable para el logro de una identidad adulta reconocida. (Citado en Contreras, 1994, p. 21)

Esto quiere decir que, las condiciones socio-históricas que rodean a un individuo determinan la formación del mismo y es entonces apropiada la conceptualización que hace Hernández R., Gheller S., Ovelar, N. y Jiménez E. (1994), sobre la pedagogía que actúa sobre la educación al ser un pensamiento sobre la misma, comprendiendo los distintos modos y niveles de reflexión por lo que los hombres intentan dar cuenta del proceso educativo y de las ideas históricamente producidas entorno al mismo, es decir, dar una explicación de la educación y hacer proposiciones para la realidad de un tipo de hombre para una sociedad determinada.

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En este contexto, es pertinente introducir otro término estrechamente relacionado a los procesos de enseñanza-aprendizaje, a saber: la didáctica; vista como una ciencia aplicada crítica constructiva con énfasis en la promoción de actitudes reflexivas, que estudia los fundamentos teóricos prácticos tanto de la enseñanza como del aprendizaje con un carácter  dinámico en el que focaliza, integra, explica, norma y regula el proceso de enseñanza-aprendizaje, orientando la práctica en un contexto determinado para un grupo de alumnos en un clima característico de relaciones y comportamientos (Amaro, 1996). Por tanto, la didáctica debe  dar respuesta a las siguientes preguntas: ¿qué mejora profesional  necesita  el  docente?, ¿qué se debe enseñar?, ¿para qué formar a los estudiantes?, ¿cómo aprenden los estudiantes? así como también es la responsable del diseño y selección de los medios formativos que se emplearan, de acuerdo al contexto socio-cultural del estudiante.

Partiendo de lo anterior, el concepto de currículum toma vital importancia. Para Fernández (2010), el currículo es considerado como un proyecto educacional, como un proceso y resultado de múltiples contextos y enfoques que no son necesariamente en su origen curriculares, pero que inciden en la educación y en los procesos de formación, que busca dar respuesta al surgimiento progresivo de objetivos emergentes, que son las necesidades de formación no atendidas; y que en vinculación con la ciencia cognitiva puede impactar de forma considerable en la calidad de la enseñanza. Aquí la evaluación está sobre los procesos más que sobre los resultados y las nuevas tecnologías de comunicación e información potencian la enseñanza en el aula e integran estrategias para que el estudiante no solo aprenda el saber sino que domine el uso de herramientas tecnológicas acompañados de un alto nivel de rendimiento cognitivo.

Es por eso que no se puede dejar de lado el hecho de que, en la actualidad, nos encontramos en una etapa de grandes desarrollos en el área científica y tecnológica y la educación no escapa de esta influencia. Mayor (1996), director de la UNESCO, hace énfasis en esto al mencionar que:

Es preciso dar a los nuevos desafíos respuestas positivas que no limiten la libertad de expresión. En la era que ahora comienza, los medios de comunicación deben ser instrumentos que propicien la cultura y la educación, y no obstáculos que las menoscaben. Hace más de cincuenta años, los fundadores de la UNESCO señalaron que la libre circulación de las ideas por la palabra y la imagen era una condición esencial para el acercamiento y la colaboración entre las naciones. En los albores del siglo XXI, éste sigue siendo el medio más eficaz de promover la comprensión entre los pueblos y de garantizar la paz, la igualdad y la dignidad de todos los seres humanos. (Comunicar, 8)

Las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC) nos proporcionan información, herramientas para su proceso y canales de comunicación. Para Cabero (1996) las características más distintivas de las TIC se pueden sintetizar en las siguientes: inmaterialidad, interactividad, instantaneidad, innovación, elevados parámetros de calidad de imagen y sonido, digitalización, influencia más sobre los procesos que sobre los productos, automatización, interconexión y diversidad (Citado en González, 2000).

Con todo esto se puede señalar que las TIC aportan nuevos medios que permiten transmitir y compartir información de una manera instantánea y con nuevos formatos que aportan una mayor realidad y calidad a los mensajes, estableciendo nuevos sistemas de comunicación que rompen las barreras del tiempo y del espacio físico. Esto trae como consecuencia que estemos frente a una avalancha de información en la que es necesario desarrollar mecanismos que permitan diferenciar la información y escoger de entre esas posibilidades existentes las que realmente nos interesen.

A este respecto, Adell (1997), señala que el problema ya no es conseguir información, sino seleccionar la relevante entre la inmensa cantidad que nos bombardea y evitar la saturación y la consiguiente sobrecarga cognitiva. Del mismo modo, toda esta información al alcance de cada individuo no implica su transformación en conocimiento, esta transformación dependerá de una serie de factores (los conocimientos previos del sujeto, la adecuación de la información, su estructuración, etc.) que harán que la persona interiorice esa información y la integre dentro de su estructura cognitiva.

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Por tanto, el tener claro los conceptos antes descritos, permite a los docentes, propiciar ambientes en los que los procesos de enseñanza-aprendizaje estén sustentados en fundamentos teóricos prácticos, que tomen en cuenta el entorno socio-cultural del estudiante, y en el se involucren de forma activa en los procesos formativos, valiéndose de estrategias innovadoras que motiven y favorezcan el desarrollo cognitivo del estudiante, el trabajo colaborativo, la resolución de problemas, el pensamiento crítico y la educación en valores; en fin, preparar a sus estudiantes para enfrentarse a una sociedad que se encuentra en constante cambio. Y si bien es cierto la tecnología no es la panacea para la mejora del sistema educativo o para alcanzar un nivel óptimo de calidad educativa, sin duda el buen uso de estas herramientas potentes contribuye a estar más cerca de esa meta.

En la actualidad, el sistema educativo venezolano está en un proceso de transformación curricular. Esto se evidencia en el implementación abrupta del plan de estudios en el sistema de educación media que apunta a la centralización de conocimientos por áreas sin previa planificación. Es esta una buena oportunidad para dar grandes pasos en fomentar el uso de las TIC para fortalecer la formación educativa de estos jóvenes.

Un caso más cercano se encuentra en la Escuela de Educación de la Facultad de Humanidades y Educación en la Universidad Central de Venezuela,  en donde se están presentando discusiones sobre la evaluación curricular. Este también es un espacio  en el que como docentes, podemos aportar para el enriquecimiento y formulación de una reforma curricular que se ajuste a las demandas formativas del país, en la creación de un currículum que dé respuestas a esas necesidades educativas no atendidas que se han generado con la evolución de nuestra sociedad.

Por tanto, le corresponde a la educación no sólo adaptar el individuo al medio, a su entorno, sino transformar y potenciar sus habilidades y destrezas para que se desarrolle hacia espacios más complejos, para que se transforme y potencie en un hombre distinto, crítico, problematizador, un hombre que busque las causas y de respuestas a las necesidades a las que se enfrenta, un hombre que esté en constante evolución.

 

Referencias Bibliográficas

Adell, J. (1997). “Tendencias de investigación en la sociedad de las tecnologías de la información”. EDUTEC: Revista electrónica de Tecnología Educativa, 7.

Amaro, R. (1996). Reflexiones sobre la didáctica. Mimeo. Escuela de Educación. Universidad Central de Venezuela.

Contreras, J. (1994). Enseñanza, currículum y profesorado. Introducción crítica a la didáctica. Akal Ediciones. Madrid.

Fernández, A. (2010). Universidad y Currículo en Venezuela. Hacia el tercer Milenio. Comisión de Estudios de Postgrado, Facultad de Humanidades y Educación. Universidad Central de Venezuela.

González, H. (2000). Las Nuevas Tecnologías y su impacto sociocultural y educativo. EDUCERE, Informatica Educativa, Año 4, Nº 10, Julio – Agosto – Septiembre. Disponible en: http://www.saber.ula.ve/bitstream/123456789/19433/1/articulo4-10-8.pdf . Fecha de acceso: 28 ene. 2017

Mayor, F. (1996): Prólogo, en La Educación en Medios de Comunicación. Tendencias actuales en la Comunidad Iberoamericana; en Comunicar, 8; 6-7.

Villarroel, C. (1991). El Curriculum de la Educación Superior. Concepción, Bases y Fundamentación Pedagógica. Ediciones Dolvia. Caracas.

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